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CUBA

Biden, el balón de oxigeno de las dictaduras.

Biden y sus asesores apuntan a retomar la estrategia de Barack Obama. Durante sus dos períodos, Washington reanudó la relaciones diplomáticas con Cuba

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, habla con el vicepresidente de los Estados Unidos, Joe Biden, durante la ceremonia de juramento de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, en Brasilia, en esta fotografía del 1 de enero de 2015 proporcionada por el Palacio de Miraflores. REUTERS / Palacio de Miraflores / Folleto vía Reuters

8 de noviembre 2020

Cuando faltan muy pocos días para la decisión final de los resultados de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, el mundo entero está claro en que el resultado tendrá un efecto en cada país. Para la Unión Europea y para China, un triunfo de Joe Biden podría significar el cese de los aranceles como una medida de presión. Para el Reino Unido, una nueva era en las relaciones bilaterales. Sin embargo, para algunos países hay mucho más en juego. En América Latina -especialmente en Venezuela, Cuba y Nicaragua- los resultados serán cruciales.

Temas como la inmigración desde Centro y Sudamérica, las relaciones con las dictaduras de la región o el manejo de la crisis ambiental podrían dar un giro importante si hay cambio de gobernante. Para mal, las cosas serán muy diferentes si Joe Biden finalmente alcanza a llegar a la Oficina Oval.

Acercamiento con La Habana

Uno de los asuntos que más preocupación ha causado en la región es el cambio de paradigma en las relaciones entre Washington y los regímenes totalitarios de izquierda. En especial, la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela, el régimen de Daniel Ortega en Nicaragua y el más longevo de los sistemas opresores del continente el de Cuba.

Biden y sus asesores apuntan a retomar la estrategia de Barack Obama. Durante sus dos períodos, Washington reanudó la relaciones diplomáticas con Cuba, reabrió la embajada en La Habana y levantó las sanciones económicas que venían desde la Guerra Fría. El acercamiento le permitió a la dictadura antillana tomar oxígeno financiero, recibir inversiones extranjeras y, de esta manera, acceder a dinero fresco para mantener el nivel de vida la nomenclatura del Partido Comunista.

El régimen castrista no dio nada a cambio. Ni elecciones libres, ni legitimación de partidos políticos ni cese de las persecuciones contra la disidencia. Obama terminó siendo el mejor aliado de los Castro, después de Nikita Krushov, Leonid Brezhnev y Hugo Chávez.

La justificación de los demócratas -entonces y ahora- es que la sanciones no habían logrado sacar del poder a Fidel Castro. Sin embargo, nunca quedó claro cuál era el beneficio de «premiar» a la dictadura.

Negociar con Maduro

La otra gran incógnita en la región es qué sucederá con el principal aliado de la dictadura castrista: el chavismo bolivariano. Para un ateo como Fidel Castro, lo más cercano a un milagro fue el asenso de Hugo Chávez al poder en Venezuela. Tras la desaparición de la Unión Soviética, sin un aliado que financiera al régimen, el país petrolero se convirtió en el mayor botín de la historia.

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Pagos por «servicios humanitarios», compra de refinerías en Cuba, entrega de enormes volúmenes de petróleo, empresas conjuntas. Un «Plan Marshall caribeño» terminó por desangrar a Venezuela y enriquecer al castrismo.

A diferencia de los acuerdos con Obama, en los convenios entre Fidel Castro y Hugo Chávez Cuba sí daba algo a cambio: servicios de inteligencia y represión, que permitieron al chavismo mantener el poder en Venezuela, aún después de la muerte de su fundador. Por ello, un acercamiento de Washington con La Habana tendrá sus efectos negativos en el país suramericano.

Pero hay más. Los asesores de Joe Biden también han manifestado que si el demócrata llega a la Casa Blanca, dejará de lado el reconocimiento a Juan Guaidó y negociará con Nicolás Maduro. Levantará también las sanciones impuestas por la administración Trump. La explicación, igual que en el caso de Cuba, es que las sanciones no han hecho que el sucesor de Chávez abandone el poder.

La estrategia de distensión, que Joe Biden facilitaría la injerencia de nuevos y viejos actores en la región. No solo China, sino también Rusia o Irán podrían acrecentar su influencia. Para Nicolás Maduro, Miguel Díaz Canel y Daniel Ortega sería una buena noticia. Para el totalitarismo comunista -pese a su ateísmo- un nuevo milagro podría ocurrir. La democracia y la libertad serían los grandes perdedores.

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