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Fidel Castro y la Guerra del Yom Kipur

la participación de militares cubanos enviados a Siria por Fidel Castro en un intento de consolidar su posición ante el Movimiento de Países No Alineados

25 de agosto 2020, Abraham Rivera

El sábado 6 de octubre de 1973, amaneció en lo que aparentaba ser un día de calma total en Israel. No solamente porque era el tradicional Shabat, día de descanso semanal. Ese año coincidía con el día más sagrado del calendario judío; el Yom Kipur, día de recogimiento, oración y estricto ayuno.

El pueblo israelí, que ganó duramente su independencia en 1948 al detener contra todos los pronósticos la invasión de siete ejércitos árabes a su recién resucitada y milenaria nación, había logrado sobrevivir y mantener un estado más fortalecido. En 1967, después de la apabullante victoria relámpago sobre los ejércitos de Siria, Jordania y Egipto en lo que se conoció como Guerra de los Seis Días, el pueblo confiaba como nunca en la capacidad de su ejército y en sus organismos de inteligencia. En solo unas horas los acontecimientos le demostrarían lo peligroso del exceso de confianza.

Durante la campaña de 1967, las fuerzas israelíes habían tomado la península del Sinaí, empujando a los egipcios hacia la otra orilla del Canal de Suez, la margen occidental del río Jordán de manos de Jordania y las Alturas de Golán de Siria. En el caso de las Alturas de Golán se trata de una zona altamente estratégica porque es el acceso a las fuentes de agua para Israel y desde ella los sirios usaban su posición ventajosa para bombardear con fuego de artillería las poblaciones israelíes del norte.

Los países árabes de la región deseaban una revancha contra el estado judío, sobre todo Egipto y Siria que veían la recuperación de los territorios perdidos como una reivindicación del orgullo nacional y árabe. Los egipcios iniciaron una cuidadosa operación de desinformación que logró sorprender a los israelíes y tanto ellos como los sirios contaban con asesoría soviética e ingentes cantidades de armamento.

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Pero en esta historia hay una página casi desconocida para públicos de todas las latitudes y es la participación de militares cubanos enviados a Siria por Fidel Castro en un intento de consolidar su posición ante el Movimiento de Países No Alineados y responder al amo soviético. Israel, en cuyo surgimiento había un componente fuertemente izquierdista, resultó una decepción para la izquierda a nivel mundial al estrechar lazos con EEUU y no con la URSS. Pero incluso en el temprano 1959, Raúl Castro y el Che Guevara habían visitado la franja palestina de Gaza bajo administración egipcia y habían establecido lazos con la dirigencia de lo que pocos años más tarde sería la OLP. Ya después de fundada la OLP de Yaser Arafat, el régimen cubano comenzó a enviar instructores a los cuarteles palestinos situados en Jordania y Egipto.

En 1973, al tratarse de un acto de guerra no declarada contra Israel por parte de Cuba, el traslado de todo el personal fue hecho en secreto. Los miembros de una brigada, radicados la mayoría en la Unidad Militar 1688, dirigida por el entonces primer capitán Llorente León, perteneciente a la División de Tanques 1011 de Managua, dirigida a su vez por el General Senén Casas Regueiro, fueron saliendo discretamente en vuelos comerciales prudentemente espaciados uno de otro y vestidos de civil y con pasaportes falsos de estudiantes de distintas carreras de la Universidad de La Habana, haciendo escala principalmente en Alemania Oriental. Por supuesto, los oficiales retenían todos los pasaportes. Como jefe de la misión, iba el general Leopoldo Cintra Frías, Polito. A su discreta llegada a Siria, les fue entregada la técnica de combate, principalmente nuevos tanques T-62 suministrados por los soviéticos. También entraron en acción un grupo de artillería y una compañía de helicópteros pilotados por cubanos más otro personal militar no claramente especificado.

Finalmente, la inteligencia israelí reaccionó, pero ya era tarde. Los israelíes, sorprendidos por el súbito ataque en dos frentes, sufrieron cuantiosas pérdidas de vidas y equipamiento. Los dos primeros días estuvieron al borde de la derrota, pero los salvó la fiereza de su defensa, lo rápido de su adaptación y su flexibilidad. Para los militares hebreos no pasó inadvertida la repentina puntería de la artillería enemiga y que posiblemente estaba en manos cubanas. Una impenetrable defensa de los más nuevos cohetes antiaéreos SAM impedía a la aviación israelí golpearlos sin sufrir demasiadas pérdidas. Finalmente, utilizando técnicas de vuelo increíblemente rasante y atravesando espacios aéreos de Jordania y Líbano, la aviación israelí los arrasó con napalm.

Tras sufrir numerosas bajas, las fuerzas israelíes, al cuarto día de durísimo y desigual enfrentamiento y ya con las fuerzas de reservistas llegadas a los escenarios de combate, pasaron al contraataque. En la semana siguiente no solo recuperaron el Golán, sino que llegaban a solo 40 km de Damasco, la capital siria donde comenzaron a bombardear sus afueras con fuego de artillería de largo alcance. En el frente sur, las tropas de la división del general Ariel Sharon después de cruzar el Canal de Suez penetraban en pleno territorio egipcio y cercaban a su Tercer Ejército. Los EEUU intervinieron, solicitando a Israel un alto al fuego y salvando la cara a Egipto.

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Las versiones oficialistas cubanas suelen insistir en que los militares cubanos no llegaron a intervenir en ningún enfrentamiento por llegar al escenario una vez cesado el fuego, pero fuentes israelíes indican lo contrario y que además permanecieron en Siria hasta bien entrado 1974, de modo que el no reconocimiento de bajas cubanas en esta corta e intensísima guerra puede ponerse más que en duda.

Fidel Castro jamás reconocería una derrota ante los hebreos sionistas y volcó su rabia y odio mediante todo tipo de ayuda a los terroristas palestinos de las OLP, FLPL y Septiembre Negro. La prensa oficialista cubana desde entonces ha fustigado al Estado de Israel con los peores calificativos aplicables y con artículos periodísticos que rayaban con el antisemitismo y las delegaciones diplomáticas del régimen han atacado sin tregua a Israel en cuanto foro internacional les ha sido posible.

Es importante señalar que esta guerra no se trató como muchos sostienen, de una guerra por la “liberación de un pueblo” o por defensa del socialismo. Fue una guerra brutal en la cual se perseguía como objetivo fundamental, no la recuperación de un territorio sino, la intención clara de perpetrar un genocidio contra el pueblo israelí. Hasta en eso puso Fidel Castro su granito de arena. Pero fracasó. Hoy el Estado de Israel, que quiso ayudar a destruir, es una nación desarrollada, fuerte, pionera en innovaciones tecnológicas, con una salud pública y una educación que ni en sueños la Cuba castrista pudo lograr.

Abraham Rivera


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