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CUBA

La vergüenza abrupta te arrebata el prestigio de ser cubano.

Miguel Díaz – Canel Bermúdez que más tarde pasaría a ser designado por la popularidad como el “Puesto a Dedo”, bueno, el presentador Alex Ota-Ola nunca se equivocó al ofrendarle aquel sobrenombre, de veras que fue un buen dedazo.

15 de julio 2020, Héctor Luis Valdés Cocho

Vaticinaba la Letra del cursante 2020 que la nación de Cuba sufriría las más insólitas desdichas, que el peligro de verse rota la suerte, era ley desde la hora cero del 2020; los cubanos acostumbrados al acecho de nuestro negro destino tatareamos la canción << todo sigue igual >>, y como bueno religiosos entendimos que había que hacer ebbo (ritual yoruba para limpiar las malas energías) para quitarnos esa sal de encima.

Necios, fuimos necios una vez más. Nuestra mayor desdicha fue permitir que un hombre vestido de traje y corbata “tomase las riendas de un país”, despojado de un traje militar y con pretensiones falsas se colocó a un hombre llamado Miguel Díaz – Canel Bermúdez que más tarde pasaría a ser designado por la popularidad como el “Puesto a Dedo”, bueno, el presentador Alex Ota-Ola nunca se equivocó al ofrendarle aquel sobrenombre, de veras que fue un buen dedazo.

Retomando el tema religioso una vez más, diría yo que si Díaz-Canel visitará el cuarto de ifa, el babalawo le diría: ahijado que clase de osobbo tú tienes, y ciertamente orula una vez no se equivocaría porque la verdad es que este hombre no lo salva ni la cucarachita martina.

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Desde su ascenso al poder, la nación de Cuba se ha visto envuelta en las más abrumadoras desgraciadas, caída de un avión, tornados, regreso al recrudecimiento del periodo especial (ahora coyuntural), asesinatos, decomisos, encarcelamientos, y no puede faltar la pérdida total de la lógica y el respeto hacia la sociedad cubana.

Su continuidad no trajo más que un cielo turbio y desesperanzador para los cubanos, muchos albergaban la añoranza de fuera el Gorbachov de Cuba y que nos libraría del oscuro pasado que los hermanos Castro nos implantaron, pero no; decidiste seguir siendo cabo que dispara cuando el General te manda. Esperábamos que hundieras a la Revolución Melón en la hoya de Bartlett, y de esa forma serías venerado de forma unánime por todos los cubanos, e incluso tu nombre junto a tu imagen saldría en los grandes medios de comunicación con el título: “El nuevo presidente de Cuba tenía en sus manos la oportunidad de salvar a la nación y regalarle con su llegada una verdadera libertad”; pero no, has preferido ser recordado como el presidente inepto que ideó una frase de burla mundial << La limonada es la base de todo >>, con aquella intervención que hundió completamente tu prestigio y moral y te convirtió en la vergüenza de la Cuba de hoy y la de un mañana.

 Hoy, no es más que un bárbaro alevoso de un Régimen, no es más que un adoctrinado social que exacerba la vida de los cubanos. En sus mañas y marañas has provocado tú propio asesinato de tú carácter, y aunque pretendes ser el mandatario de nuestro país, no eres más que la estirpe convulsa de la desgracia y la indolencia, no eres más que la capellanía déspota de la agonía cubanizada. Si nuestro Apóstol José Martí encarnizado estuviese vivo, te regalaría unas palabras como estas:  (… Es criminal quien sonríe al crimen, quien lo ve y no lo ataca; quien se sienta a su mesa; quien se sienta a la mesa de los que se codean con él o le sacan el sombrero interesado; quienes reciben de él el permiso de vivir …).

 Por tus desagradables actos y tus sueños de hundir aún más a la sociedad civil cubana, te catalogamos como un presidente inconstitucional e ilegítimo, los cubanos con dignidad plena te bajamos de tu propio pedestal, y te nombramos “vergüenza nacional”, eres el traidor, eres el apátrida, eres la escoria de este infame contexto para las futuras generaciones. La villanía de tu estructura física desvanece la pulcritud del significado de ser un cubano.

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 ¡El torbellino de la hidalguía cubrirá el espanto de tu corroída lealtad; y de los escombros sostenidos, nacerá la dicha humanoide que quebrantará tu absoluta estampida, ese día todos juntos diremos: fuera, ¡fuera la vergüenza nacional!

Héctor Luis Valdés Cocho
Periodista del Heraldo de Cuba

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