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CUBA

Radiografía de Villa Marista

No te informan a donde te llevan, no dan parte a tu familia durante los primeros 5 días, te conducen en una lada a toda velocidad, por La Habana, con la cabeza tapada al más puro estilo secuestro gubernamental.

Villa Marista, en el reparto Sevillano en la Calle San Miguel, e/ Anita y Goicuria, La Habana, Cuba

3 de Mayo 2020, Laureano Couso

Si hay un infierno en la tierra está en Cuba, específicamente en el reparto Sevillano en la Calle San Miguel, e/ Anita y Goicuria “Villa Marista”, conocido así por su nombre antes de la revolución; pero desde el 1961 que se transformo en el centro de torturas principal de los órganos de la seguridad de estado cubano, no tiene nada de Villa y mucho menos el carácter de los sacerdotes Maristas, antiguos ocupantes del lugar antes de 1959.

vista aerea de Villa Marista

Preso 246-360 así fue mi nombre, porque hasta eso te quitan, desde la noche del 29 de septiembre del 2009 hasta el 2 de marzo del 2010, 6 meses y tres días de horror, torturas y amenazas de muerte. Han pasado los años y aún es difícil olvidar todo el terror que se vive, en ese corredor de las celdas de detención, en Villa. Donde los derechos humanos se pierden, la cobardía de los dictadores se exacerba y los centros de torturas pierden el nombre.

Yo fui uno de los tantos regulados del sistema cubano, después de residir muchos años en Europa; entre a Cuba en el Febrero del 2009, a la hora de regresar a Europa se me informo en el aeropuerto de La Habana que tenía una regulación de salida del país y que ya no podría regresar a España, ahí comenzaron mis indagaciones sobre la restricción de salida, mis ida y venidas durante casi 7 meses a las oficinas de Migración Provincial de la Habana en 22 y 3ra Miramar y mi múltiples reclamos a la Mayor Chan de dicha oficina; fue tanta la molestia que el día 29 de Septiembre cuando resolví plantarme a vivir en el portal de Migración provincial de La Habana, el G2 cubano decidió darme alojamiento en Villa Marista, como si de un hotel de lujo se tratase.

Cuando llegas Villa Marista lo haces a ciegas, no te informan a donde te llevan, no dan parte a tu familia durante los primeros 5 días, te conducen en una lada a toda velocidad, por La Habana, con la cabeza tapada al más puro estilo secuestro gubernamental. Cuando por fin te permiten ver, ya estas en “El Lobo”, dentro de Villa Marista, pero tu sigues sin tener idea a donde te han llevado y mucho menos ¿por qué? Da igual ya estas allí, sin derechos, sin abogado que te asista y con el desconocimiento total de tu familia, que no sabrá de ti en los próximos 5 días.

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El Lobo es el centro neurálgico de Villa Marista, con paredes forradas en listas finas de madera que esconden 3 calabozos utilizados para los recién llegados que lleguen alterados, o reclamando sus derechos civiles, si te encierran allí pasaras los primeros 3 días en una celda completamente tapiada e insonorizada, que no permitirá que tus gritos alcancen el oído de tus torturadores, si cuando llegas te consideran dócil, te entraran en una pequeña habitación, situada justo al frente de la sala de mando donde podrás ver muchos monitores a través de sus verdes cristales y un rostro conocido Alejandro Castro Espín mirándote con desprecio desde su posición de árbitro, acusador, juez y ejecutor. Después de robarte tues pertenencias, porque al salir solo recobraras la ropa, todo lo que te hayan quitado de valor, reloj, celular, anillos, etc. no te los devolverán jamás, después de robarte te entregan tu uniforme grueso de color azul desteñido, o el gris funeraria, que te hará sudar hasta que tu grasa corporal sea cero y ni tu propia madre sea capaz de reconocerte.

Recuerdo perfectamente cuando me madre vio dos meses después y en ese momento no lograba entender por que cayo de rodillas destrozada en llanto;

no me reconocía, en pocas semanas yo había perdido, no solo, más de 60 libras, también el deseo de vivir bajo ese régimen de terror humano generalizado que sufren todos los que entran a Villa Marista.

foto real del interior de Villa Marista filtrada a los medios, al fondo las 4 celdas «especiales» para dirigentes tronados. Detrás de las rejas se encuentra la escalera que conduce a la enfermería.

Al llegar al área de celdas para hombres en el segundo piso (foto real del interior de Villa Marista filtrada) ves 10 celdas en cada lado del pasillo, tapeadas por completo con puertas de acero y una ventanilla minúscula que usan los guardias para vigilarte en cada ronda, más menos cada 15 minutos, y que en muchas ocasiones cuando hacen las rondas nocturnas y como parte de la tortura de la interrupción del sueño la tiran con fuerza impidiendo así que puedas dormir mas de 15 minutos de forma consecutiva.

1,5 m cuadrados por persona, así es como vives diariamente, durante meses, en una celda para cuatro hombres de 3 x 2 metros, con 4 camas plegables que imposibilitan, a más de 2 estar de pie; durante la noche que te entregan el colchón, ya que desde las 6 de la mañana hasta las 6 de la tarde no te permiten estar acostado haciéndote plegar las camas superiores dejando, siempre sin colchón las dos de abajo para que los cuatro cohabitantes del infierno permanezcan sentados en espera de su próximo interrogatorio. Algunos como R.G. (aún está en Cuba) vivieron así por más de dos años y medio; hasta que confieses lo que ellos quieran, o te vuelvas loco y termines con antropofobia (o miedo a las personas) como termino R.G.

Entre la luz perenemente encendida de las celdas, lo portazos intencionales en las rondas de los guardias, el calor por falta total de ventilación y la agonía de un futuro incierto esperas que se acuerden de ti tus torturadores, o al menos te saquen del calabozo para interrogarte, aunque sea para soportar insultos, coacciones y amenazas contantes contra ti y contra tu familia, esperas que ese momento llegue para poder disfrutar un poco de aire condicionado, después de días de calor asfixiante. Todo hasta que descubren que alargas las respuestas y piensas más de lo normal para aprovechar minutos sin el sofocante calor de las celdas. Ahí cambian ellos el juego y disponen para tu próximo interrogatorio un cuarto de interrogación más pequeño, con un aire acondicionado de 2 toneladas, dispuesto a tope durante horas antes de tu llegada, lo llaman el Polo, donde tu represor entra con su chaqueta de invierno ártico a interrogarte, mientras tu estas con tu simple uniforme azul desteñido rogando a Dios en tu interior que ese momento termine; recuerdo una vez que me dijeron que esperara en, el Polo, 5 minutos y no regresaron por mi hasta pasadas dos horas, esa noche mientras mis 3 compañeros de infortunio se deshidrataban yo aun sentía frio en los huesos hasta la mañana siguiente.

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Tu abogado, solo después del primer mes de infierno, nunca antes. No vi jamás a nadie que le permitieran tener un abogado antes de los primeros 30 días. Lo ves pocos minutos, y casi nunca, en una de las salas de visitas a familiares que están plagadas de micrófonos, por lo que hasta tu mismo abogado te hace señas para evitar que hables demasiado, violando toda confidencialidad de abogado cliente. Y no sueñes que él podrá acompañarte en los interrogatorios, jamás. Tu abogado solo tiene derecho a leer un minúsculo resumen de los cargos tú contra y no verá tu expediente completo hasta pocos días antes de que te lleven a juicio. El solo se limita a ir dando palos de ciego hasta ese entonces y darle alguna minúscula señal de esperanza a tu familia, que al igual que él tampoco tienen derecho a conocer los detalles, del régimen, en tu contra. Estas allí, pero a tu familia no se le informa nunca por qué, ni por cuanto tiempo.

Cuando vienen por ti, también vienen contra los que más amas. A mi madre solo le permitieron visitarme 1 vez, siendo ella diabética e insulina dependiente, sabían bien mis torturadores que al ser hijo único mi difunta madre sufriría por mi causa, al continuar alli por no acceder a declararme culpable de ninguno de los delitos que intentaban achacarme, uno tras otro. ¡Si quieres que tu madre pueda entrar a verte confiesa! No había nada que confesar. A mi hijo, que hoy vive en España, lo habían sacado injustificadamente de la universidad y solo me quedaba en Cuba mi madre y dos tíos muy mayores, de los cuales solo uno tenia autorizado visitarme. Recuerdo el único día que permitieron a mi madre ir a verme; después de lograr, casi sin fuerzas, levantarla en medio de un llanto tan desgarrador como el de una madre, solo atiné a recitarle en los 5 escasos minutos que me permitieron a su lado, los versos de nuestro apóstol que afloraron a mi mente en ese momento “Mírame, madre, y por tu amor no llores: Si esclavo de mi edad y mis doctrinas Tu mártir corazón llené de espinas, Piensa que nacen entre espinas flores”. Fue la ultima vez que la vi con vida. El sufrimiento e impotencia ante tanta maldad e injusticia provocaron en ella un shock insulínico que nunca rebasó. No solo te torturan a ti cuando estas dentro del infierno, hacen sufrir a todos los que amas hasta que te inculpes o te desquicies.

Cuando ya nada funciona, vienen las amenazas de muerte, o cadena perpetua, te cambian de celda constantemente para que nunca puedas crear vínculos de amistad entre compañeros de infortunio y si nada de esto funciona, vas en solitario, días en silencio sin compañía de nadie, conversando contigo mismo y rogando a Dios que cuando el infierno acabe aún permanezcas cuerdo.

Todo esto sigue ocurriendo en Cuba, ahora habrán otros 80 hombres ahí dentro, a los cuales se les priva de todo derecho y dignidad. Hoy sigue existiendo ese centro de tortura, completamente operativo y lleno de maldad. 80 hombres que seguirán allí con el argumento de interés nacional, bajo las órdenes expresas de Alejandro Castro Espín y Raúl Castro. Mientras exista esa dictadura cualquiera puede ser el próximo.

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En memoria de mi madre Lidia González Couto. Te amo madre mía.

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