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CUBA

Y… ¿Cómo quedo yo?

La economía cubana funciona como un despeñadero en el cauce de un río, de la montaña hacia mar del fracaso.

18 de Junio 2020, Germán M. González

Como siempre el cubano de a adentro y de abajo hará otro agujero al cinturón y verá incrementada (aún más) su estado-dependencia.

A tres meses exactos de anunciarse el primer caso, confirmado en Cuba, de COVID-19, el pasado jueves 11 de junio, el partido gobierno anuncia el próximo fin de la cuarentena. Sin embargo, lo que viene a continuación despierta la sospecha que este anuncio tiene más que ver con una fecha redonda para fines de propaganda, que con la realidad. Recordemos, la importancia financiera que genera la renta del personal de la salud en el exterior y el interés en insertarse en el mercado internacional de medicamentos.

No obstante, el anuncio del próximo cese de la cuarentena, al día siguiente, el pasado viernes12, en el habitual parte del MINSAP se reconocen 14 casos positivos y lo más preocupante, en uno de ellos no se puedo identificar el origen del contagio, algo que ya viene ocurriendo y de continuar así, evidenciaría una circulación endémica del patógeno, tal como ocurre con algunas influenzas y catarros comunes. Téngase en cuenta que las tomas de muestra se hacen a una porción mínima de la población, lo cual índica un potencial de cientos, o más, de personas sin origen del contagio identificable “sueltas”.

Realmente la cuarentena en Cuba se ha restringido al sector presupuestado, la escasa actividad productiva de la deteriorada economía cubana, agrícola y agro industrial, minera, constructiva, industria y construcciones, etc. Las empresas se han mantenido trabajando con una ralentizada falta de insumos, obsolescencia de medios, y otras causas generalmente organizativas, frecuentes, comunes y no exclusivas en la cuarentena cuyo fin se anuncia.

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En el caso del sector del turismo debemos recapitular la información. El cierre se anunció por Díaz-Canel como una medida cuarentenaria, sin embargo, en aquella comparecencia el primer ministro (y ex ministro del sector) aclaró que “ya no están llegando aviones”, es decir, no fue una decisión nacional, fue la situación internacional la causa real del cese de esa actividad. Ahora se anuncia desde la primera etapa la apertura al turismo nacional y posteriormente al internacional, pero éste último, limitado a la apertura de hoteles según la demanda y la utilización de los cayos del norte y del sur de la Isla como destinos únicos. Es de esperar que la propaganda se centre en esa particularidad: lugares despoblados y teóricamente, totalmente seguros. Una vez más, confusión entre necesidad y virtud.

La presentación y resumen del tema a cargo de Díaz-Canel brindó muy poca información, muchas consignas de fidelidad y continuidad y citas muy bien balanceadas de Castro I y II, cuidadosamente colocadas para evitar susceptibilidades. La información concreta cabría en un solo párrafo, a lo sumo.

El primer ministro resultó más explícito, pero siempre dejando muchas dudas, más que aclaraciones, pues no se mencionaron fechas —excepto para el reinicio de la actividad docente en septiembre—, solo las etapas y dejando muy claro que serían asimétricas, es decir, enmarcadas en las regiones y los sectores que se determinarán, en gran medida, localmente, con margen de decisión para las autoridades locales. La Habana como actual epicentro de la pandemia será la última región del país en pasar a la normalidad.

Sorprendente el énfasis del primer ministro en la reactivación del raquítico sector privado, la mayor víctima de la represión y de las restricciones administrativas, policíacas y económicas se justifican por el COVID-19. Esto evidencia las contradicciones existentes en la cúpula del poder, pues los responsables ante la opinión pública se sienten constreñidos por los límites impuestos por la vieja guardia reaccionaria, la cual es por otra parte la máxima corresponsable, de conjunto, con el difunto creador de la desastrosa situación socioeconómica actual.

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La tercera parte, y más breve le correspondió al vice primer ministro y al ministro de Economía y Planificación. Con muchos términos imprecisos: más; incremento con disminución; etc. y gerundios: trabajando con manteniendo y ajustando; etc., es quizás el único economista de la Historia, capaz de hablar durante largo tiempo sin aterrizar en un número, o comparar datos, es decir, manteniéndose en la esfera de lo intangible. Sin dudas representa una innovación para el oficio. Si E. Preobrazensky, N. Kondratiev y N. Bujarin, tres destacadísimos economistas rusos hubieran dominado la técnica del ministro cubano quizás hubieran evadido su ejecución en la época de Stalin.

Varios meses antes del comienzo del COVID-19 resultaba unánime la opinión de que Cuba se dirigía hacia una crisis grave, la tercera que irrumpiría en el declive sistemático de la economía cubana, que desde los años sesenta funciona como un despeñadero en el cauce de un río, de la montaña hacia mar del fracaso. Estas crisis que desembocó en la desastrosa zafra del 70, el mayor fracaso de la Historia sin guerras, o sin catástrofes naturales, o la ocasionada por el desmerengamiento soviético y nunca recuperó su nivel pre crisis. La actual tiene como principal problema la mediocridad del equipo ejecutivo y el anquilosamiento de la vieja guardia estancada en los años sesenta con el apoyo material soviético y sus asesores Brezhnianos.

Por otra parte, el traqueteo mediático va in crecendo en proporción inversa a la disponibilidad de mercancías. Limitaciones a los campesinos, cooperativas y hasta entidades estatales obligadas a entrar por el Vía Crucis de la burocrática, e híper ineficientes entidades acopiadoras estatales, desestimulan la producción hasta llevarla a niveles mínimos. Los productores solían cumplir con Acopio y complementaban sus ingresos en el mercado liberado, ahora esa posibilidad se esfumó. La absurda consigna, en un país donde se desapareció la base productiva agropecuaria incluyendo a sus trabajadores, de que comeremos lo que seamos capaces de producir, anuncia lo inevitable: no comeremos nada.

Dos culpables en los medios de propaganda de este partido gobierno se proclaman: el tradicional demoniaco del bloqueo, al que se suma ahora el COVID-19. De ésta ya hablamos: no se paró nada, que ya no estuviera parado desde antes y del bloqueo solo decir, en síntesis: nunca, jamás, se han quedado mercancías cubanas sin vender por falta de mercado, solo, no se ha exportado lo que no se ha producido. En segundo lugar, el monto de la venta de alimentos autorizado por el gobierno estadounidense de 9,3 Miles de Millones, y Cuba solo compro la ridícula suma de 257 millones el pasado año (http://www.cubatrade.org); la ejecución actual de compras hasta abril, más los anuncios de los propios gobernantes, auguran una disminución drástica.

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En resumen, menos comida y mercancías en general, más medidas restrictivas y represivas llegaron para quedarse; la emigración limitada por la situación de la economía mundial y las restricciones de viajes son otras de las múltiples razones de la deblacle, sumando la caída de las remesas y las ayudas de familiares en el exterior, que han disminuido al igual que el turismo internacional y que ahora se verá limitado a áreas aisladas y entidades estatales.

Por estas muchas razones el cubano de abajo y de adentro, la inmensa mayoría, se hace la interrogante popularizada por Aurora Basnuevo en spots didácticos ¿Cómo quedo yo?

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